jueves, 14 de julio de 2016

No más...

Torció el gesto cuando vio su cara. Sabia que iba a doler volver a verse después de tanto tiempo y de tantas cosas vividas pero nunca imagino que su corazón se parase de aquella manera al ver su rostro.

Entonces entendió que todo había acabado, no habría más caricias ni más besos, no habría más confidencias de media noche ni más peleas con almohada que acababan con uno encima del otro.
No más palmadas divertidas en el trasero cuando cruzaba la cocina ni más besos fugaces de despedida hasta la noche.
No más noches en las que sólo el roce de su piel le hacía estremecer, donde se perdían entre las sabanas leves gemidos y palabras bañadas en el sudor propio de la actividad de la noche.
No más excursiones para descubrir sitios insólitos los dos juntos, no más paseos en coche con canciones cambiadas para hacerse reír,  no más copas de vino encima de la mesa ni comidas improvisadas e imposibles.
No más riñas que acababan en llanto y luego en risa para seguir con besos.

No más....nada....

La distancia hizo de verdugo en su relación y la incomunicación hizo el resto. Su amor se apago como una vela: lentamente pero sin detenerse hasta llegar al final.

Un final que lejos de ser acalorado fue frio y doloroso, muy doloroso porque dos almas que hasta hacia poco tiempo se complementaban la una a la otra, se despedían la una de la otra como si no se conociesen. Como dos extraños. Como dos desconocidos.

Tragó bilis y respiró para intentar deshacer el nudo que tenia en el estomago.  Sus miradas se cruzaron por un momento pero no se dijeron nada. ¿Debieron decirse algo? Nunca lo sabrían pero lo que si sabían es que después de ese momento, para cualquier cosa, ya era tarde.

jueves, 7 de julio de 2016

El estofado de Emma

La arena se metía entre sus dedos. Blanca y cálida la sentía, pues los rayos de sol hacían su máxima actividad a esas horas en la playa.
Mientras, con una mano distraida, se acariciaba el abultado vientre, pensando en cómo sería la cara de la vida que crecía en su interior.

Hacia ya algunos meses que se habia ido, aunque la ausencia se iba pasando mejor segun avanzaba su embarazo. "Volvera antes de que nazcas", decía al corazón que sentía dentro de ella. Pero, en esos momentos, empezaba a creer que nunca volvería; no habia recibido llamadas, ni mensajes, ni nada que la hiciera pensar que estaba bien y que todo iba a acabar pronto.

Por todos los medios se oían noticias de sangre, muerte y dolor. El mundo estaba siendo destruido y nada parecia impedir esa barbarie. Suerte tuvo, con otros pocos afortunados, de estar en esa playa, donde las bombas y la guerra parecían no querer entrar, al menos por el momento.

Las olas bañaban sus pies descalzos en una suave y humeda caricia, que ella recibía con gusto: sus pies se hallaban cansados e hinchados a causa de la gestación. Mirando al horizonte, se podía ver el rastro de la muerte a su paso por las ciudades: nubes inmensas de humo que coronaban el cielo, que el sol solo conseguía atravesar en horas como aquélla, cuando sus rayos más fuerza tenían y ganaban la batalla al rastro de la muerte.
Sintió un escalofrío y quiso tener a mano una chaqueta; su vestido azul dejaba los brazos al descubierto y hacia que la piel se tornase "de gallina" por el repentino frío.

Oyó que llamaban a comer. Echando un último vistazo al mar (el mismo mar que se lo llevó y que, así rezaba cada noche, debía traerlo con vida), esperando ver algún barco, suspiró al ver que no había nada a la vista y subió las escaleras blancas de madera en dirección al comedor.
Allí estaban los otros afortunados que, como ella, podían disfrutar de una tranquilidad relativa, pues, aun no teniendo el miedo de ser bombardeados en cualquier momento, sentían el miedo que las noticias de cada día les aseguraban.

-Pequeña Eli ven, siéntate con este viejo a la mesa- dijo una voz áspera y gastada por el tiempo.
El anciano Rob la ofrecía un asiento a su lado y una de sus cálidas sonrisas. Rob era un veterano, antaño luchó por su país cuando fue requerido pero su edad y su falta de piernas le impedían volver a cumplir con lo que el llamaba "su deber no cumplido".
Eli le devlvió la sonrisa, aunque tanto ella como el anciano sabían que era forzada. Todos en la casita de la playa sabían de la pena y melancolía de Eli. Cada uno aportaba su granito de arena para hacer su espera más feliz dentro de lo posible, pero, aunque agradecida, Eli no conseguía alegrarse con nadie.

Revolvía sin interés el contenido de su plato: carne estofada al estilo de Emma, la mujer de Rob y tan adorable y cariñosa como él.
Emma la miraba con el ceño fruncido, su opinion era que una mujer embarazada debía tener alegría en el cuerpo y en la cara o el bebé saldría pequeño y poco agraciado.  Sabía y entendía de la situación de Eli, pues ella misma había sido mujer de militar en guerra, sabia lo que era esperar mientras los niños preguntaban una y otra vez por su padre. Ahora sabía lo que era esperar noicias de sus propios hijos, llamados a filas en cuanto empezó todo.

-Come,- la apremiaba- Eli come, por favor, no eres uno sino dos cuerpos ahora y ese niño o esa niña tiene que comer. A él no le gustaría verte sin comer, ya lo sabes, pequeña.

Eli la miró y una lágrima comenzó a recorrer su mejilla. Sus ojos se apagaron aun mas durante un instante. Emma sabía que no debía haber nombrado al padre de la criatura, pues Eli sentía un dolor desgarrador cada vez que o hacían, pero sabía que era la única manera de hacerla entrar en razón. No sintió pena por esa lágrima, sino que llenó mas el plato de la joven mientras la dedicaba su más maternal sonrisa.
Ella comenzó a comer a regañadientes al principio, pero, al notar que su vientre se agitaba con el alimento caliente, siguió comiendo con avidez hasta devorar el plato.
En ese momento oyeron madera arrastrase fuera, en el porche, Emma abrió la puerta y se encontró a Eddy, otro afortunado también golpeado por alguna guerra: le faltaba el ojo derecho y a veces su cabeza se iba a otra parte, haciendo que dejase de hablar bien en determinadas ocasiones, pero adoraba a Eli y saber que iba a tener pronto un bebé para jugar con el y enseñarle le tenía todo el día en el Taller.
Llamaban así al pequeño trozo de un antiguo jardín que tenía la casa, Eddy lo usaba para hacer sus tallas de madera con lo que encontraba en el pequeño bosque que tenían detras de la casa, pero ahora su labor la ocupaban las cosas que iba a necesitar el bebé de Eli, al que, cariñosamente llamaba: su sobrino.

-Mirrraaa Eli,- balbuceó, Emma sacudía la cabeza consciente de otro de sus pequeños ataques de habla- el "peqqqqueó" sobrriino "tié" cuna.

Eli se levantó agarrandose la tripa, que cada día le pesaba mas, y fue al encuentro de Eddy.

-Es preciosa Eddy, seguro que Emma me ayuda a hacer una mantita para poder tapar al bebé.- dijo acariciandole la mejilla.

Eddy se ruborizó, a pesar de sus años, y se fue presuroso al lado de Rob, quien le esperaba con otro plato de carne para comer.

-Es una suerte tenerle aquí, -declaró Emma mientras cogía de las manos a Eli- es el único que te hace reír de vez en cuando.

Eli se acercó más a Emma y la besó en la mejilla, -Gracias tata Emma- la dijo, -no sé qué sería de mi y del pequeño sin vosotros. Creo que voy a reposar un rato, esta critaturita pesa cada día mas y me deja agotada.
Dejó a aquella peculiar familia debatiendo sobre el coste de los aviones en el ejército y subió las escaleras hacia su cuarto. Alli todo era blanco, su color favorito, desde la madera de los muebles hasta la fina colcha que Emma la había conseguido bordar. Aquello la daba paz y tranquilidad, aunque fuera por breves momentos.
Se tumbó boca arriba y comenzo a acariciar su vientre mientras los párpados cedían al sueño. "Descansa tu también, donde estes, amor mío"...

Después de un tiempo que la pareció una eternidad, se despertó sobresaltada con el ruido de un disparo. Al abrir los ojos se encontró con los de Emma, hinchados por el llanto y llenos de miedo. "Eli, dicen que te buscan, vámonos", susurró a su oído. Eli se levantó de la cama y, poniendo las manos sobre su tripa miró a Emma. Ella estaba en la puerta esperando, pero sus ojos ya no tenían miedo sino que estaban vacíos, sin vida.
Se llevó las manos a la boca par ahogar un grito mientras el cuerpo de la anciana caía al suelo inherte. Detrás de él estaba un soldado con aspecto uraño que miraba a Eli con malicia.
-Aquí estas pequeña, -las palabras desprendían odio y un sucio deseo al verla con su fino vestido- te va a gustar lo que tengo que enseñarte.

Eli se agacho para proteger su vientre de las manos de aquel hombre pero, antes de que pudiera verlo, recibió un golpe en la cabeza quedándose sin sentido.
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martes, 5 de julio de 2016

Caricias

Llevaba tanto tiempo esperando aquéllo. Tanto tiempo imaginando Cómo sería su reencuentro, que no sabia ni como moverse.

Mientras recorría su cuerpo con la mirada, temblaba como una hoja, como si fuera la primera vez que se veían.

Sintió sus manos sobre las caderas mientras le hacía avanzar lentamente. Un escalofrío recorrió su arqueada espalda; cuando la sensación llego a su nuca, sintió un beso plasmado en ella.

Retorcía su pelo mientras inhalaba la fragancia del cuello. Seguía siendo la misma que recordaba y se alegraba por ello: uno de sus mayores temores era, más que olvidar su cara, olvidar su olor, su perfume, la manera en que le hacía sentirse esa fragancia.

Con las manos buscó su pecho, sus dedos parecían tener en la memoria la anatomía de aquel cuerpo, pues se movían sin siquiera pensarlo produciendo una sensación placentera. La piel era como recordaba: suave, pálida, perfecta; solo surcada por un sin fin de lunares que hacían de esa piel el mejor de los lienzos. Un lienzo en el que pintar las caricias y los besos que se debían por la ausencia. Un lienzo que pedía a gritos ser pintado como su artista mejor sabía. Y eso es lo que iba a hacer.

Se tumbó boca a bajo y dejo que esos dedos recorrieran su cuerpo. Se dejó llevar por las sensaciones,  esas que hacía mucho tiempo que no tenía y que, ahora se daba cuenta, había añorado más que nada.

No había ningún sonido en la habitación ni nada que pudiera causar distracción.  No hacían falta palabras, solo se necesitaban el uno al otro y, ahora que se tenían, no necesitaban más.

Atrajo aquella cara que tantas noches de sueño le había quitado hacia la suya, buscando sus labios y poder volver a sentir el sabor de sus besos. Sintió enloquecer cuando sus bocas se juntaron en un beso tierno pero ansioso a la vez.  Abrió los labios en busca de su lengua y, cuando la halló,  un torrente de sensaciones enterradas volvió a su ser.

Cómo podía haber olvidado el sabor de sus besos, la textura de su lengua,  la calidez con la que ambas se buscaban dentro de sus bocas. Había experimentado la añoranza,  había echado de menos, pero no se había parado a pensar nunca en lo que había añorado aquellas sensaciones. Habían desaparecido simplemente, pero el encontrarlas de nuevo fue como un dulce descubrimiento, del que no se quería apartar.

Sintió dos tiernos besos en los párpados,  cerrados para disfrutar más aún del momento, y unas manos que bajan desde su cuello hacia su pecho y su vientre. Soltó el abrazo en el que se aferraba a su tronco para no soltarle y se dejó llevar, esta vez un poco más lejos.

No quiso abrir los ojos mientras guardaba en su memoria cada sensacion: sus manos, su pelo, sus labios, su lengua recorriendo su cuerpo. Quería tener un recuerdo nítido de cada una, para que, de volverse a separar,  no olvidase nunca como se sentía en esos momentos.

.........

Continuará...

domingo, 3 de julio de 2016

Hope

Cuando cerró la llamada, la imagen del monitor se quedo congelada y solo se veía su cara sonriendo. Era la primera vez, en mucho tiempo, que se alegraba de ver una cara sonriente de ese modo, porque sabía que era quien la causaba.

Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando volvió a pensar en la conversación de hacia unos minutos. Tenían planes, se dijo, planes que daban esperanza a su corazón, que llevaba un tiempo algo herido, y dejaba vislumbrar un futuro algo más cercano de lo que le había visto hasta ese momento.

Quizá no fuera lo que se hubiera planeado en su día,  quizá no fuera como debiera haber sido; la realidad era que estaba pasando y tenia dos opciones: empezar o estancarse.

Empezar siempre da miedo, dicen los mayores, es algo peligroso y poco cierto muchas veces. Pero estancarse es peor, pues te quedarás siempre con la duda de qué hubiera pasado de haber empezado.

Ellos tuvieron que empezar de alguna manera. Fuera la buena o la mala, pero empezaron. Sólo era cuestión de tiempo saber si esa forma de empezar era la correcta,  pero si no lo era tampoco importaba porque, tras estar dando tumbos sin dirección fija, iban a empezar a escribir juntos su historia.

Su historia, tenia claro que iba a ser suya y de nadie más.  No iba a permitir los errores del pasado y dejar que otros decidieran por ellos. Eso se había acabado, les tocaba a ellos comenzar y no quería ni dejaría que les dijeran lo contrario.

De todos modos, se dijo mientras cerraba el portátil,  sabemos que el fuego quema porque alguna vez nos hemos quemado. Si no nos hubieran dejado, el fuego seria un completo desconocido.

Mientras se metía en la cama sonrió feliz y con ganas. Sabia que no iba a ser al día siguiente,  que aún había que esperar, pero su comienzo estaba cerca. Esa sensación se metía en su pecho, agitandolo de emoción.

Aquella noche,  soñó con una noche entre las sabanas, como solían compartir.  Era tan real que sentía cada caricia, cada roce, cada beso estampado en la piel...

Era tan real que, consciente de que era un sueño, una lágrima se dejó caer por su rostro. Mientras, en susurro, pronunciaba su nombre esperando que lo oyera en la distancia...

Pronto, repetia en sueños, pronto juntos, mi amor......

miércoles, 29 de junio de 2016

Decisiones

Mientras las horas del reloj se consumían lentamente, su cabeza no dejaba de dar vueltas a todo lo ocurrido en los días anteriores.

Ahora su mente se debatía entre seguir con la comodidad del hogar y de lo conocido o jugar las cartas y atreverse a formar su vida lejos de donde siempre la había vivido.

Las circunstancias apremiaban esa decisión y debía de tenerla clara, pues no sólo se jugaba su futuro o su vida en esa partida.  Había más gente implicada aunque, por una vez, quiso pensar para si y olvidarse del resto....la pregunta era simple ¿Qué quería, qué era su ilusión,  que esperaba de la vida?

Por doquier la habían conducido a creer que la vida no era como ella quería llevarla. No quería resignarse a eso solo porque otros no sabían lo que andaba dentro de su corazón y de su cabeza. Quería que fuera su sueño, de hecho lo era...¿había mal en ello? ¿Acaso no podía ser otra persona su sueño, o tenia que ser obligatoria mente algo de manera individual? No, se negaba a que fuera así y podía estar estar a punto de cometer la mayor locura pero era su locura. Al fin y al cabo las locuras se le daban bien.

Podía ser que, al cabo del tiempo fuera su mayor error pero también podía ser, y de hecho así lo quería,  su mayor acierto y alegría.

¿Entonces, se dijo, damos pie a lo que el corazón siente por una vez o seguimos guiando la vida por la razón aunque se carezca del amor que ahora mismo sentimos?

Debía esperar a madurar esa idea pero, algo tenia claro y es que, si se volvían a juntar, no iban a separarse nunca...

sábado, 25 de junio de 2016

Corazón

Mírame,  suplicaba ella, quiero mirarte a los ojos.

Él no se movía,  de hecho, no articulaba palabra. No quería levantar la vista y encontrase unos ojos llenos de ira y de reproche. Tenia miedo, como nunca lo había sentido antes. Era ella la razón de ese miedo, a sabiendas de que sus actos habían propiciado esa reacción.

Era de esperar que ella se sintiera dolida y dejada, cuando había abandonado a la persona que más quería cuando más le necesitaba. Aunque,  en aquellos momentos, él no supiera la razón de esa necesidad.

Ella seguía expectante, mi...ra. ...me,  repetia entre cortada. Le cogio por la barbilla para obligarle a mirarla.  Sus ojos se cruzaron y él disipó todos sus miedos: no había rastro de odio o dolor en ellos sino una mezcla de añoranza y ternura. Nunca había visto su mirada de esa manera y un escalofrío le recorrió el cuerpo.

Una lágrima comenzó a descender por su mejilla, a la par que ella le guiaba la mano hasta su vientre. El tacto le pareció agradable, un calor extraño pero reconfortante parecía emanar de ese contacto y, por primera vez en ese tiempo, respiro aliviado.

Un pequeño ser, con una mitad suya, estaba dentro de ella...No sabia si eso debía asustarle o alegrarle, lo que si sabía era que no quería quitar la mano ni dejar de sentir ese calor.

Volvió a fijar la mirada en su rostro y vio que ella le sonreía, ahora somos tres, decía mientras le acariciaba la cara. Atrapó sus dedos entre los de ella y la dio un tierno beso en la palma de la mano. Lentamente se acercó más y la abrazo durante largo tiempo, o eso le pareció a él.

Y siempre juntos, susurró a su oído mientras aspiraba el aroma de su pelo.

En ese momento lamento todo lo que había pasado meses atrás y dejo que otra lágrima se le escapara,  aunque esta vez fue de felicidad. ..

jueves, 16 de junio de 2016

En las noches de luna llena...

Se revolvía entre las sábanas, el fino tacto de la tela fresca, propia del verano, no conseguía calmarle y se sentía peor a medida que iban pasando los minutos.

Minutos que parecían horas, y horas que llenaban los días que, en su conjunto, parecían meses. Le costaba recordar bien su cara, a pesar de las fotos, su aroma se estaba evaporando de su mente y eso no era bueno. No podía ser bueno que ese aroma que le invadía cada vez que se abrazaban estuviera desapareciendo. ¿Y si no podía volver a recordar cómo era en realidad su verdadero yo? ¿Y si se perdía y al reencontrarse eran dos extraños?

Las 2:00, el reloj seguía avanzando pero no al ritmo que le gustaría para poder dar por finalizada otra noche de lenta agonía. Se sentía morir lentamente cada noche, dejándose sin fuerzas para pensar en positivo a lo largo del siguiente día.

Pensaba en todas aquellas parejas que veía en su día a día: reír, charlar, besarse, abrazarse, bromear... Todo eso le estaba vetado en ese momento y no entendía por qué tenía que sufrir una soledad impuesta cuando no había necesidad de que fuera así. Su única escapatoria era evadirse a base de sarcasmos: una coraza de falsa dureza que sin duda no era la faceta a la que tenía acostumbrados a sus amigos o familiares. No sabía por qué se comportaba así ni por qué le afectaba tanto.

¿Quizás la locura se estaba instalando en su vida? Recordaba pasajes leídos de su compatriota Doña Juana y la locura infligida por su marido...¿Una locura inducida por el amor? ¿Sería capaz de comportarse de manera irracional sólo por amor? Se tenía por una persona cabal, centrada y con la "cabeza amueblada", pero había momentos en que toda esa cordura amenzaba con irse por la borda del peligroso barco en el que se convertía su mente.

No quería pensar en eso, ni dejar que esos pensamientos la entorpecieran en los demás ámbitos de su vida. "Nadie se muere por amor", le dijeron un día, y aunque seguramente fuera cierto, también era cierto que el amor dolía a veces como si la Parca desgarrase el alma de uno con su afilada guadaña.

Volvió a moverse en la cama pero el sueño no acudía a su llamada. Saltó del colchón y dirigió los pasos hacia la terraza. La luna llena coronaba la oscuridad de la noche, dotando a su peculiar pueblo de una luz tenue y fantasmagórica, como si de la noche de las ánimas se tratase.

Lentamente, encendió un cigarrillo y lo fumó sin prisa, alargando cada calada; como si eso fuera a detener el tiempo o fuera a hacer aparecer por arte de magia la figura de la causa de sus desvelos.
Lanzando una bocanada de humo a la negra noche giró su torso movido por un zumbido que provenía del interior del piso...

No podia ser, no habia nadie más en la casa y no esperaba visitas a esas horas de la noche. Sintió que había alguién más en la estancia y, de repente, notó un olor que le era vagamente familiar.
Apagó el cigarrillo y recorrió los pasillos a oscuras, esperando que todo fuera producto de su imaginación.

Llegó a la habitación donde en otras ocasiones se había respirado alegría y un frío helador le recorrió el cuerpo. Algo parecido a una nube con forma humana lo miraba desde el otro extremo de la habitación. Aquello era lo que olía de manera tan familiar y le había puesto en alerta.

Vio un cabello largo y oscuro, que una mano gélida retiró de su cara. El rostro que le devolvía la mirada, era el mismo que le había enamorado tantas veces tiempo atrás y que  le conseguía quitar el sueño en esos días.

Alargó una mano para poder acariciar su rostro, pero su mano se perdió en el vacío: allí no había nada.. La desesperación de minutos antes volvió a invadirle y se desvaneció en el suelo, mientras caía, vio como la familiar figura se desvanecía no sin antes dedicarle una sonrisa.

lunes, 13 de junio de 2016

Debajo de la piel

Ansiaba con todas sus fuerzas tenerlo.  Rozar cada centimetro de su piel con la boca.
Sacudía la cabeza cuando esos pensamientos afloraban en su mente.

No podía o no debía desear aquello que no podía tener en ese preciso momento. ¿Por qué la vida es a veces tan injusta, si lo único que quiero es que estemos juntos?  No podía dejar de pensarlo y, cuanto más lo pensaba, más grande era su deseo... Tanto que rozaba lo insoportable, lo necesitaba, ahí y en ese momento, si no quería que su cabeza la volviera loca.

Sin dejar de centrar en él su mente, dirigió sus pasos hacia el baño, dejó correr el agua para asegurarse de que estuviera lo bastante fría y se miro en el espejo.

Deslizó sus finas ropas por su cuerpo hasta quedar totalmente desnuda. Frente al espejo, se toco donde una vez la hizo una marca con sus dientes. Sonrió recordando esas veladas donde lo único importante eran ellos dos y la manta que cubría sus cuerpos.

En la ducha,  dejó que el agua helada calmas su mente y su cuerpo,  no la importaba el frio, de hecho no sentía nada más que las gotas se agua chocar contra su cabeza para luego recorrer su espalda hasta el blanco mármol.

En silencio comenzó  a llorar, sus lágrimas se perdían en la cascada de agua que la recorría el cuerpo...Lentamente se dejó caer hasta ser un ovillo empapado y frío agazapado contra el mármol.  El agua dejó de correr...

El cristal de la mampara se tiñó de un color oscuro formando una silueta que des corría la puerta dejándola expuesta en su llanto.
La figura se agachó a recogerla,  envolviendola en una toalla la estrecho entre sus brazos y en ese instante supo quien era.

Esa fragancia solo podía ser suya, nadie más tenia ese olor tan característico y tan embriagador que la hechizaba. Alzó los ojos. La cara que se la presentaba era mejor que cualquier aparición divina que pudiera presentarse.

Esbozo una sonrisa, mientras notaba la rojez de sus ojos a causa del llanto. Él la beso en las mejillas para parar sus lágrimas mientras ella entrecerraba los ojos para saborear ese instante.

Princesa, dijo entre susurros,  perdóname, soy tuyo.

Ella le miró y se echó a llorar de nuevo, esta vez de dicha. Con los puños golpeaba de manera suave pero rabiosa en su pecho.  Idiota, decía una y otra vez, te he echado de menos.

Se fundieron en un abrazo que parecía eterno. En ese mismo abrazo la guió hacia la cama y se tumbaron como otras tantas veces habían hecho, cubriéndose solo con una manta.

Sin deshacer el abrazo,  comenzó a besarla tiernamente, como un dulce helado que no debe derretirse. Ella hundió la cara en su pecho mientras él seguía besando su pelo y aspirando el aroma que desprendía.

Por un momento, ella quiso hablar del futuro,  de que iba a ser de ellos y de como serian las cosas a partir de ahora, pero por un instante quiso disfrutar de él de manera plena y dejo que su mente se perdiera en esa embriagadora mezcla de aromas reencontrados y  lágrimas de felicidad, que sus ojos se empeñaban en dejar escapar de vez en cuando

jueves, 9 de junio de 2016

Tormento de medianoche

No sabia, ni quería como cambiar aquello o arreglarlo.
No entendía por qué las cosas tenían que pasar como estaban pasando.
Veía a los demás en el placer de la vida y se preguntaba por qué no podía tener lo que todos. Quizás la soledad seria su más fiel compañera sin que ello fuera algo negativo. Amaba su soledad pero ansiaba compartirla, no quería que la soledad le deborase el alma sin más consuelo de lo que pudo ser y no fue...

Aquella noche deseó con todas sus fuerzas volver a aquel sueño pues, aunque fuera en el mundo de los sueños, en ese momento se sentía feliz.

lunes, 11 de abril de 2016

Noche cuarta...

Echó a correr todo lo que sus piernas hinchadas le permitían.  Sentía su vientre agitarse y eso la producía un dolor intenso. Se agarró firmemente a su abultado abdomen y no miró atrás. "No podrán acabar con nosotros" se decía, "no dejaré que me quiten lo único verdaderamente mío en esta vida"...

jueves, 7 de abril de 2016

Noche tercera....

Perdonad estos días de inactividad pero he estado ocupada...

"Ella quería lo que todos querían, ella quería reír, correr, vivir, llorar...pero había venido a llevársela y no iba a dejar nada de ella en este mundo"

lunes, 4 de abril de 2016

Noche segunda...

Entre la maleza se podía divisar, a lo lejos, el fuego de las hogueras, él sabía que ese mundo no le pertenecía y que, por alguna razón que él mismo desconocía, ansiaba tener más que nada en el mundo...

domingo, 3 de abril de 2016

Noche primera...

"Y la besó como nunca antes nadie la había besado....
-Esto no está bien...-dijo ella.
Él sonrió y volviendo a besarla contestó:
-No tiene porqué estarlo-."

En el principio de los tiempos...

Hola!

En este blogs iré colgando relatos breves que salen de mi cabeza muchas noches y me parece una lastima que se me pierdan mientras duermo.

Algunos tendrán 3 líneas,  otros serán algo más extensos...

No soy escritora, solo tengo una imaginación muy grande y mucho tiempo para usarla.

Espero que os gusten mis creaciones. ..

Saludos Bloggeros!!!!!