Mírame, suplicaba ella, quiero mirarte a los ojos.
Él no se movía, de hecho, no articulaba palabra. No quería levantar la vista y encontrase unos ojos llenos de ira y de reproche. Tenia miedo, como nunca lo había sentido antes. Era ella la razón de ese miedo, a sabiendas de que sus actos habían propiciado esa reacción.
Era de esperar que ella se sintiera dolida y dejada, cuando había abandonado a la persona que más quería cuando más le necesitaba. Aunque, en aquellos momentos, él no supiera la razón de esa necesidad.
Ella seguía expectante, mi...ra. ...me, repetia entre cortada. Le cogio por la barbilla para obligarle a mirarla. Sus ojos se cruzaron y él disipó todos sus miedos: no había rastro de odio o dolor en ellos sino una mezcla de añoranza y ternura. Nunca había visto su mirada de esa manera y un escalofrío le recorrió el cuerpo.
Una lágrima comenzó a descender por su mejilla, a la par que ella le guiaba la mano hasta su vientre. El tacto le pareció agradable, un calor extraño pero reconfortante parecía emanar de ese contacto y, por primera vez en ese tiempo, respiro aliviado.
Un pequeño ser, con una mitad suya, estaba dentro de ella...No sabia si eso debía asustarle o alegrarle, lo que si sabía era que no quería quitar la mano ni dejar de sentir ese calor.
Volvió a fijar la mirada en su rostro y vio que ella le sonreía, ahora somos tres, decía mientras le acariciaba la cara. Atrapó sus dedos entre los de ella y la dio un tierno beso en la palma de la mano. Lentamente se acercó más y la abrazo durante largo tiempo, o eso le pareció a él.
Y siempre juntos, susurró a su oído mientras aspiraba el aroma de su pelo.
En ese momento lamento todo lo que había pasado meses atrás y dejo que otra lágrima se le escapara, aunque esta vez fue de felicidad. ..
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