lunes, 13 de junio de 2016

Debajo de la piel

Ansiaba con todas sus fuerzas tenerlo.  Rozar cada centimetro de su piel con la boca.
Sacudía la cabeza cuando esos pensamientos afloraban en su mente.

No podía o no debía desear aquello que no podía tener en ese preciso momento. ¿Por qué la vida es a veces tan injusta, si lo único que quiero es que estemos juntos?  No podía dejar de pensarlo y, cuanto más lo pensaba, más grande era su deseo... Tanto que rozaba lo insoportable, lo necesitaba, ahí y en ese momento, si no quería que su cabeza la volviera loca.

Sin dejar de centrar en él su mente, dirigió sus pasos hacia el baño, dejó correr el agua para asegurarse de que estuviera lo bastante fría y se miro en el espejo.

Deslizó sus finas ropas por su cuerpo hasta quedar totalmente desnuda. Frente al espejo, se toco donde una vez la hizo una marca con sus dientes. Sonrió recordando esas veladas donde lo único importante eran ellos dos y la manta que cubría sus cuerpos.

En la ducha,  dejó que el agua helada calmas su mente y su cuerpo,  no la importaba el frio, de hecho no sentía nada más que las gotas se agua chocar contra su cabeza para luego recorrer su espalda hasta el blanco mármol.

En silencio comenzó  a llorar, sus lágrimas se perdían en la cascada de agua que la recorría el cuerpo...Lentamente se dejó caer hasta ser un ovillo empapado y frío agazapado contra el mármol.  El agua dejó de correr...

El cristal de la mampara se tiñó de un color oscuro formando una silueta que des corría la puerta dejándola expuesta en su llanto.
La figura se agachó a recogerla,  envolviendola en una toalla la estrecho entre sus brazos y en ese instante supo quien era.

Esa fragancia solo podía ser suya, nadie más tenia ese olor tan característico y tan embriagador que la hechizaba. Alzó los ojos. La cara que se la presentaba era mejor que cualquier aparición divina que pudiera presentarse.

Esbozo una sonrisa, mientras notaba la rojez de sus ojos a causa del llanto. Él la beso en las mejillas para parar sus lágrimas mientras ella entrecerraba los ojos para saborear ese instante.

Princesa, dijo entre susurros,  perdóname, soy tuyo.

Ella le miró y se echó a llorar de nuevo, esta vez de dicha. Con los puños golpeaba de manera suave pero rabiosa en su pecho.  Idiota, decía una y otra vez, te he echado de menos.

Se fundieron en un abrazo que parecía eterno. En ese mismo abrazo la guió hacia la cama y se tumbaron como otras tantas veces habían hecho, cubriéndose solo con una manta.

Sin deshacer el abrazo,  comenzó a besarla tiernamente, como un dulce helado que no debe derretirse. Ella hundió la cara en su pecho mientras él seguía besando su pelo y aspirando el aroma que desprendía.

Por un momento, ella quiso hablar del futuro,  de que iba a ser de ellos y de como serian las cosas a partir de ahora, pero por un instante quiso disfrutar de él de manera plena y dejo que su mente se perdiera en esa embriagadora mezcla de aromas reencontrados y  lágrimas de felicidad, que sus ojos se empeñaban en dejar escapar de vez en cuando

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