miércoles, 29 de junio de 2016

Decisiones

Mientras las horas del reloj se consumían lentamente, su cabeza no dejaba de dar vueltas a todo lo ocurrido en los días anteriores.

Ahora su mente se debatía entre seguir con la comodidad del hogar y de lo conocido o jugar las cartas y atreverse a formar su vida lejos de donde siempre la había vivido.

Las circunstancias apremiaban esa decisión y debía de tenerla clara, pues no sólo se jugaba su futuro o su vida en esa partida.  Había más gente implicada aunque, por una vez, quiso pensar para si y olvidarse del resto....la pregunta era simple ¿Qué quería, qué era su ilusión,  que esperaba de la vida?

Por doquier la habían conducido a creer que la vida no era como ella quería llevarla. No quería resignarse a eso solo porque otros no sabían lo que andaba dentro de su corazón y de su cabeza. Quería que fuera su sueño, de hecho lo era...¿había mal en ello? ¿Acaso no podía ser otra persona su sueño, o tenia que ser obligatoria mente algo de manera individual? No, se negaba a que fuera así y podía estar estar a punto de cometer la mayor locura pero era su locura. Al fin y al cabo las locuras se le daban bien.

Podía ser que, al cabo del tiempo fuera su mayor error pero también podía ser, y de hecho así lo quería,  su mayor acierto y alegría.

¿Entonces, se dijo, damos pie a lo que el corazón siente por una vez o seguimos guiando la vida por la razón aunque se carezca del amor que ahora mismo sentimos?

Debía esperar a madurar esa idea pero, algo tenia claro y es que, si se volvían a juntar, no iban a separarse nunca...

sábado, 25 de junio de 2016

Corazón

Mírame,  suplicaba ella, quiero mirarte a los ojos.

Él no se movía,  de hecho, no articulaba palabra. No quería levantar la vista y encontrase unos ojos llenos de ira y de reproche. Tenia miedo, como nunca lo había sentido antes. Era ella la razón de ese miedo, a sabiendas de que sus actos habían propiciado esa reacción.

Era de esperar que ella se sintiera dolida y dejada, cuando había abandonado a la persona que más quería cuando más le necesitaba. Aunque,  en aquellos momentos, él no supiera la razón de esa necesidad.

Ella seguía expectante, mi...ra. ...me,  repetia entre cortada. Le cogio por la barbilla para obligarle a mirarla.  Sus ojos se cruzaron y él disipó todos sus miedos: no había rastro de odio o dolor en ellos sino una mezcla de añoranza y ternura. Nunca había visto su mirada de esa manera y un escalofrío le recorrió el cuerpo.

Una lágrima comenzó a descender por su mejilla, a la par que ella le guiaba la mano hasta su vientre. El tacto le pareció agradable, un calor extraño pero reconfortante parecía emanar de ese contacto y, por primera vez en ese tiempo, respiro aliviado.

Un pequeño ser, con una mitad suya, estaba dentro de ella...No sabia si eso debía asustarle o alegrarle, lo que si sabía era que no quería quitar la mano ni dejar de sentir ese calor.

Volvió a fijar la mirada en su rostro y vio que ella le sonreía, ahora somos tres, decía mientras le acariciaba la cara. Atrapó sus dedos entre los de ella y la dio un tierno beso en la palma de la mano. Lentamente se acercó más y la abrazo durante largo tiempo, o eso le pareció a él.

Y siempre juntos, susurró a su oído mientras aspiraba el aroma de su pelo.

En ese momento lamento todo lo que había pasado meses atrás y dejo que otra lágrima se le escapara,  aunque esta vez fue de felicidad. ..

jueves, 16 de junio de 2016

En las noches de luna llena...

Se revolvía entre las sábanas, el fino tacto de la tela fresca, propia del verano, no conseguía calmarle y se sentía peor a medida que iban pasando los minutos.

Minutos que parecían horas, y horas que llenaban los días que, en su conjunto, parecían meses. Le costaba recordar bien su cara, a pesar de las fotos, su aroma se estaba evaporando de su mente y eso no era bueno. No podía ser bueno que ese aroma que le invadía cada vez que se abrazaban estuviera desapareciendo. ¿Y si no podía volver a recordar cómo era en realidad su verdadero yo? ¿Y si se perdía y al reencontrarse eran dos extraños?

Las 2:00, el reloj seguía avanzando pero no al ritmo que le gustaría para poder dar por finalizada otra noche de lenta agonía. Se sentía morir lentamente cada noche, dejándose sin fuerzas para pensar en positivo a lo largo del siguiente día.

Pensaba en todas aquellas parejas que veía en su día a día: reír, charlar, besarse, abrazarse, bromear... Todo eso le estaba vetado en ese momento y no entendía por qué tenía que sufrir una soledad impuesta cuando no había necesidad de que fuera así. Su única escapatoria era evadirse a base de sarcasmos: una coraza de falsa dureza que sin duda no era la faceta a la que tenía acostumbrados a sus amigos o familiares. No sabía por qué se comportaba así ni por qué le afectaba tanto.

¿Quizás la locura se estaba instalando en su vida? Recordaba pasajes leídos de su compatriota Doña Juana y la locura infligida por su marido...¿Una locura inducida por el amor? ¿Sería capaz de comportarse de manera irracional sólo por amor? Se tenía por una persona cabal, centrada y con la "cabeza amueblada", pero había momentos en que toda esa cordura amenzaba con irse por la borda del peligroso barco en el que se convertía su mente.

No quería pensar en eso, ni dejar que esos pensamientos la entorpecieran en los demás ámbitos de su vida. "Nadie se muere por amor", le dijeron un día, y aunque seguramente fuera cierto, también era cierto que el amor dolía a veces como si la Parca desgarrase el alma de uno con su afilada guadaña.

Volvió a moverse en la cama pero el sueño no acudía a su llamada. Saltó del colchón y dirigió los pasos hacia la terraza. La luna llena coronaba la oscuridad de la noche, dotando a su peculiar pueblo de una luz tenue y fantasmagórica, como si de la noche de las ánimas se tratase.

Lentamente, encendió un cigarrillo y lo fumó sin prisa, alargando cada calada; como si eso fuera a detener el tiempo o fuera a hacer aparecer por arte de magia la figura de la causa de sus desvelos.
Lanzando una bocanada de humo a la negra noche giró su torso movido por un zumbido que provenía del interior del piso...

No podia ser, no habia nadie más en la casa y no esperaba visitas a esas horas de la noche. Sintió que había alguién más en la estancia y, de repente, notó un olor que le era vagamente familiar.
Apagó el cigarrillo y recorrió los pasillos a oscuras, esperando que todo fuera producto de su imaginación.

Llegó a la habitación donde en otras ocasiones se había respirado alegría y un frío helador le recorrió el cuerpo. Algo parecido a una nube con forma humana lo miraba desde el otro extremo de la habitación. Aquello era lo que olía de manera tan familiar y le había puesto en alerta.

Vio un cabello largo y oscuro, que una mano gélida retiró de su cara. El rostro que le devolvía la mirada, era el mismo que le había enamorado tantas veces tiempo atrás y que  le conseguía quitar el sueño en esos días.

Alargó una mano para poder acariciar su rostro, pero su mano se perdió en el vacío: allí no había nada.. La desesperación de minutos antes volvió a invadirle y se desvaneció en el suelo, mientras caía, vio como la familiar figura se desvanecía no sin antes dedicarle una sonrisa.

lunes, 13 de junio de 2016

Debajo de la piel

Ansiaba con todas sus fuerzas tenerlo.  Rozar cada centimetro de su piel con la boca.
Sacudía la cabeza cuando esos pensamientos afloraban en su mente.

No podía o no debía desear aquello que no podía tener en ese preciso momento. ¿Por qué la vida es a veces tan injusta, si lo único que quiero es que estemos juntos?  No podía dejar de pensarlo y, cuanto más lo pensaba, más grande era su deseo... Tanto que rozaba lo insoportable, lo necesitaba, ahí y en ese momento, si no quería que su cabeza la volviera loca.

Sin dejar de centrar en él su mente, dirigió sus pasos hacia el baño, dejó correr el agua para asegurarse de que estuviera lo bastante fría y se miro en el espejo.

Deslizó sus finas ropas por su cuerpo hasta quedar totalmente desnuda. Frente al espejo, se toco donde una vez la hizo una marca con sus dientes. Sonrió recordando esas veladas donde lo único importante eran ellos dos y la manta que cubría sus cuerpos.

En la ducha,  dejó que el agua helada calmas su mente y su cuerpo,  no la importaba el frio, de hecho no sentía nada más que las gotas se agua chocar contra su cabeza para luego recorrer su espalda hasta el blanco mármol.

En silencio comenzó  a llorar, sus lágrimas se perdían en la cascada de agua que la recorría el cuerpo...Lentamente se dejó caer hasta ser un ovillo empapado y frío agazapado contra el mármol.  El agua dejó de correr...

El cristal de la mampara se tiñó de un color oscuro formando una silueta que des corría la puerta dejándola expuesta en su llanto.
La figura se agachó a recogerla,  envolviendola en una toalla la estrecho entre sus brazos y en ese instante supo quien era.

Esa fragancia solo podía ser suya, nadie más tenia ese olor tan característico y tan embriagador que la hechizaba. Alzó los ojos. La cara que se la presentaba era mejor que cualquier aparición divina que pudiera presentarse.

Esbozo una sonrisa, mientras notaba la rojez de sus ojos a causa del llanto. Él la beso en las mejillas para parar sus lágrimas mientras ella entrecerraba los ojos para saborear ese instante.

Princesa, dijo entre susurros,  perdóname, soy tuyo.

Ella le miró y se echó a llorar de nuevo, esta vez de dicha. Con los puños golpeaba de manera suave pero rabiosa en su pecho.  Idiota, decía una y otra vez, te he echado de menos.

Se fundieron en un abrazo que parecía eterno. En ese mismo abrazo la guió hacia la cama y se tumbaron como otras tantas veces habían hecho, cubriéndose solo con una manta.

Sin deshacer el abrazo,  comenzó a besarla tiernamente, como un dulce helado que no debe derretirse. Ella hundió la cara en su pecho mientras él seguía besando su pelo y aspirando el aroma que desprendía.

Por un momento, ella quiso hablar del futuro,  de que iba a ser de ellos y de como serian las cosas a partir de ahora, pero por un instante quiso disfrutar de él de manera plena y dejo que su mente se perdiera en esa embriagadora mezcla de aromas reencontrados y  lágrimas de felicidad, que sus ojos se empeñaban en dejar escapar de vez en cuando

jueves, 9 de junio de 2016

Tormento de medianoche

No sabia, ni quería como cambiar aquello o arreglarlo.
No entendía por qué las cosas tenían que pasar como estaban pasando.
Veía a los demás en el placer de la vida y se preguntaba por qué no podía tener lo que todos. Quizás la soledad seria su más fiel compañera sin que ello fuera algo negativo. Amaba su soledad pero ansiaba compartirla, no quería que la soledad le deborase el alma sin más consuelo de lo que pudo ser y no fue...

Aquella noche deseó con todas sus fuerzas volver a aquel sueño pues, aunque fuera en el mundo de los sueños, en ese momento se sentía feliz.