Sus miradas se curzaron...
Vieron la multitud que les rodeaba, pero ellos sabían qué significaba esa mirada y qué buscaban aquella noche.
De repente, se vieron alejándose de todos, hacia su habitacion, acercándose el uno al otro, sin remedio.
La mirada les dio fuerza a las piernas y éstas, a los brazos, que les unieron en un tierno abrazo del que no querían soltarse.
Ella dejo suelta su melena mientras dejaba caer el abrigo que la cubría del frío.
Él, sin poder sujetarse, agarró su cabello con firmeza y la atrajo hacia él.
Cuando la besó sintió sus labio suaves, carnosos y húmedos. "Por fin", se dijo.
Tanto tiempo ansiando tocar esos labios de aquella manera, aventurando qué sabor podrían tener en su interior, y ahora eran todo suyos.
Ella dejó que siguiera más allá abriendo la boca, buscando su lengua como el sediento busca una gota de agua en el desierto. Dejándose arrastrar por la pasión y el deseo que les invadía.
Las manos de ambos empezaron a recorrer sus cuerpos en busca de cada centímetro de piel que pudiera ser acariciado, tocado, sentido por el otro.
Él sonrió, al notar como se erizaba el vello de sus brazos con cada caricia, mientras se buscaban la boca.
De repente, la separó de él y ella se quedó perpleja...
¿Por qué paraba?
Se quedó un momento contemplando a su princesa, como él la llamaba, su cabello sobre los hombros, su respiracion acelerada, que hacia subir y bajar su pecho de una forma sensual y provocadora.
Volvió a sonreír y, empujándola, la tendió sobre la cama.
Ella, aunque sorprendida, se dejó caer con sonrisa traviesa.
Con manos diestras, desabrochó los botones de la camisa que ocultaba su cuerpo y otro tanto hizo con los pantalones.
Cuando consiguió tenerla en ropa interior, se maravilló de lo que presenciaba.
-"Eres perefecta"-, susurró, -"perfecta para mi"-.
Ella rió y le tendió los brazos pidiendo un abrazo. -"Ahora tú"-, le dijo.
-"Aún no"-, respondió él negando con la cabeza. -"Quédate quieta"-.
Se tendió sobre ella y comenzo a besar cada centimetro de piel que no estaba cubierto por la lencería.
Saboreando cada centimetro, mordiendo cada pliegue de piel que encontraba en su recorrido.
Ella se retorcía con cada mordisco pero él la sujetaba. -"Tendré que atarte si no te estás quieta"-, dijo.
Obediente pero resignada, intentaba por todos los medios no moverse, aunque su cuerpo convulsionaba con cada mordida.
Deslizó los dedos suavememente por la parte baja del sujetador, buscando lo que aquella lencería ocultaba.
De un golpe subió para arriba la copa y dejó al descubierto un pecho.
El pezón estaba duro, se quedó observandole satisfecho mientras acercaba la cara al pequeño trozo de piel.
Ella reprimió una carcajada, sentía cosquillas, empezaba a notar un calor por el vientre que no había sentido, de modo que se volvió a relajar y se dejó llevar.
De repente sintió su boca cerrándose sobre su pezón, la sintió humeda y caliente, empezo a sentir como supcionaba con delicadeza pero de manera firme.
Puso los ojos en blanco mientras arqueaba la espalda: estaba empezando a sentirse loca, no podía aguantar eso, era demasiado y la enloquecía.
Siguió con el otro pecho, el mismo proceso, mientras ella intentaba reprimirse, aunque sus caderas empeazaban a moverse sin que pudiera evitarlo.
Fue dibujando un circulo con la lengua alrededor del pezón, siguiendo a través de la tripa, bajando por el ombligo hasta su puvis.
Ella, en un acto instintivo, se tapó la zona con las manos y gritó -"¡Para!"-.
Contrariado, la miró:
-"¿No te gusta? ¿Quieres que pare?"-
-"No puedo soportarlo, me enloquece".-
-"Relájate".-
Se volvió a tumbar y cerró los ojos.
Volviendo con la lengua, tomó camino por donde había dejado la piel húmeda. Con los dientes tomó la tela de la prenda y la fue bajando lentamente.
Se ayudó de las manos para dejarla desnuda, separarla las piernas y poder sumergirse dentro de ella.
Ella ahogó un grito y se agarró a su pelo.
Su lengua se aventuraba por cada pliegue de su sexo, provocandole espamos en el vientre, haciendo que sus caderas se movieran con pequeñas sacudidas.
Jugueteó con el pequeño clítoris, mordisqueándole mientras notaba que se ponía cada vez más erecto y ella cada vez se movía mas con las caderas.
Estaba llegando a su límite, era mas de lo que podía soportar, sentía que la cabeza le iba a estallar si no paraba.
No podía pensar con claridad, no sabía qué estaba gritando ni si podían oírla, pero en esos momentos daba igual.
Entonces sintió un dedo dentro de ella,se sorprendió y abrió los ojos asustada. Miró hacia abajo y vio su mirada, que la decía que todo iba bien.
Volvió a recostarse, aunque retorciendose, mientras él movía su dedo buscando el modo de hacerla sentir aún más placer.
"Por favor", imploró, "por favor". No podía articular más palabras, sacudía la cabeza de un lado al otro, estaba enloqueciendo por momentos.
Durante lo que parecieron minutos interminables, él dejó de ocuparse de ella para desvestirse. Con rápidos movimientos se quitó la ropa y se tumbó su lado.
La besó suavemente, pero ella buscaba más, quería deborarle, tenía hambre: un hambre que no podía explicar, lo necesitaba a él.
Se tendió encima de ella, mientras le miraba con ojos ansiosos. Abrió mas las piernas y subiendo las caderas se preparó para recibirle.
Sintió como la iba llenando con una leve embestida.
Abriendo mucho los ojos gritó, dejándose llevar, abandonandose a lo que pudiera suceder.
Sucedía una sacudida tras otra, mientras el entraba y salia de ella sin dejar de besarla y acariciarla.
Ella arqueaba la espalda y le envolvia con las piernas para facilitarle los movimientos.
Sus ojos se ponían en blanco cada vez que le notaba dentro.
Aumentando la velocidad, sus piernas se cerraron más para no dejarle ir. No quería que acabase ese momento. Quería quedarse así para siempre.
Cuando sintió que iba a estallar, podía ver sus musculos internos cerrandose sobre él mientras llegaba al orgasmo y exhalaba un grito que contenía su nombre.
Dejó caer su esencia dentro de ella, dandola hasta la ultima gota de su ser, así quería que lo sintiera.
Se dejó caer, ambos sudorosos y temblorosos. Ella sentía escalofríos a cada caricia, no quería dejar de sentirle.
Rodó hacia un lado para poder abrazarla mejor, apoyando la cabeza sobre su hombro, la besó en el pelo y ambos se dejaron vencer por el sueño.
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